Algunas reflexiones sobre eso que llaman “burkini”

(Artikulu hau Galde aldizkariaren azkeneko alean argitaratu da, 2016ko azaroan. Hemen irakur daiteke)

Hasta aquí han llegado los ecos de lo que ha sucedido en la Costa Azul este verano, donde hemos visto que algunos alcaldes han prohibido el uso del “burkini” en varias playas, aunque después, a finales de agosto, el Consejo de Estado de Francia, la máxima autoridad judicial del país, ordenó suspender dicha prohibición. El debate al que hemos asistido en nuestro entorno ha sido en cierta medida artificial, no estaba (no está) en la calle; los medios de comunicación lo han importado en un mes flojo de noticias y ha ocupado multitud tertulias de radio y televisión, y páginas y páginas en la prensa.

El nombre “burkini” es un mal nombre. La prenda no es el equivalente a un burka para ir a la playa o a la piscina. Es un bañador, o bañador largo (he oído también bodykini). Es decir, un bañador de pierna y manga largas que también puede cubrir la cabeza. Quien entre en una tienda on-line encontrará prendas de muy distintos tipos: más largas, más cortas, más y menos ceñidas, cubriendo el pelo, sin cubrirlo, con diseños y colores muy diversos…

De repente, en esas localidades francesas y en otras, cuántos hombres y cargos políticos se han mostrado preocupadísimos por la libertad de las mujeres, consistente parece que únicamente en que ellas enseñen muchas partes de su cuerpo en público. Si estos indignados mostraran el mismo ardor en defender los derechos de las mujeres también en otros terrenos, el mundo sería mucho más igualitario y justo; pero el caso es que eso no ocurre, qué raro. A ver si va a resultar que en realidad no estamos hablando de los derechos de las mujeres, y lo que de verdad ocurre es que la islamofobia es el ingrediente principal de este guiso.

Algunas imágenes valen más que mil artículos. Las fotografías de la mujer que estaba durmiendo vestida en una playa de Niza y a la que cuatro hombres armados, cuatro policías, obligan a desvestirse, son de una tremenda violencia. ¿Está prohibido dormir vestida o vestido en la playa? No, claro está; sólo si pareces musulmana. Has de procurar a toda costa no parecerlo. Si ella hubiera llevado encima un neopreno, pongamos por caso, no le habría pasado eso.

¿Se ven obligadas algunas mujeres a llevar el bañador largo y por eso deben salvarlas esos alcaldes y esos  policías? Sobre las múltiples razones que pueden tener las mujeres para llevar el pañuelo o hiyab se ha dicho ya todo; son las mismas razones para vestir un bañador largo. Las hay de orden cultural, religioso, identitario, varias a la vez… Muchas de las mujeres que lo portan en Occidente indican que lo hacen por voluntad propia. También sabemos que otras lo hacen por presiones, unas veces claras (determinados miembros de la familia, la influencia de un nuevo imán llegado al barrio que se deja ver en el cambio repentino en la indumentaria de muchas mujeres…) y otras difusas, procedentes del entorno, a menudo difíciles de establecer de manera concreta y sobre las cuales las mujeres tienen distintos grados de conciencia. Y también sabemos, claro está,  que hay países en los que las mujeres no pueden elegir y están obligadas a cubrirse el cuerpo y también que las presiones se están incrementando en algunas regiones del mundo.

Quienes defienden el derecho a llevar bañador largo señalan a menudo que también las mujeres occidentales de cultura cristiana estamos sometidas a múltiples presiones/opresiones de las que a menudo no somos conscientes y que tenemos naturalizadas (ahí está el ejemplo clásico de los tacones, el maquillaje, la depilación…). Comparto plenamente ese punto de vista, pero parece que ese argumento se usa a veces para indicar que las feministas  de cultura cristiana no tenemos legitimidad para tratar de lo que les sucede a las mujeres de otras culturas. ¿Entonces no tenemos nada que decir y únicamente pueden expresarse al respecto las feministas de cultura musulmana? ¿Debe cada una circunscribirse a su grupo y referirse únicamente a él, particularmente si se trata de un grupo que sufre menos opresiones que otros?

Por mi parte, creo que desde los  feminismos se puede analizar lo que le sucede a una misma, lo que les sucede a las que viven de manera semejante, y también lo que les sucede a  otras y otros cuyas vivencias no son exactamente las propias. En el terreno de la indumentaria, en el de la maternidad, en el del trabajo… Por tanto, creo que podemos estudiar las indumentarias de las mujeres y de los hombres, tanto las que lleva una misma y su colectivo más cercano y como las demás. Y no es una cuestión menor caer en la cuenta de que en unas y otras culturas, en la binarización inherente a la construcción social del género,  a las mujeres nos corresponden en general indumentarias que son menos coherentes con la temperatura que hace, con la comodidad y con la facilidad para moverse si las comparamos con las que llevan los hombres en cada sociedad en cuestión; que a nosotras nos corresponde, asimismo, invertir más tiempo y esfuerzo para acomodar nuestro aspecto según se espera que sea en la sociedad en la que vivimos. El nivel de exigencia es claramente mayor. Además, la presión de atraer la mirada y el deseo de los hombres que subyace en unas culturas, o de ahuyentarlos en otras (la preeminencia masculina, en fin) no es un elemento del que debemos prescindir en esta reflexión.

Una vez hecho el análisis, cada una de nosotras hace, claro está, lo que quiere/puede/le parece mejor dentro de las posibilidades que tiene en su entorno. Pero sin olvidar que no hay ninguna vestimenta que no esté marcada culturalmente de un modo u otro. No nos vestimos “de cero”; tomamos de entre lo que hay en el mundo cultural al que pertenecemos. También una lesbiana butch, que se sale de los mandatos de género tradicionales, lleva una indumentaria que remite a una serie de referentes culturales que podemos identificar.

Más aún; creo que hay que aprender a analizar el binarismo como parte de la educación, para que, a la hora de identificar lo que desean y de tomar decisiones, las personas jóvenes tengan suficientes herramientas. Y es que ahora, además, en la escuela, aquí mismo, hay alumnas de cultura cristiana y de cultura musulmana, y es importante ofrecer espacios para la  reflexión y para la propuesta de herramientas de análisis con todo nuestro alumnado, no necesariamente para ponernos de acuerdo en todo, pero sí para compartir y debatir.  Por cierto: las feministas no estamos de acuerdo ni en el tema del hiyab ni en el del bañador largo, ni las de cultura musulmana ni las de cultura cristiana, según hemos podido constatar en multitud de artículos estos últimos meses; y no lo estamos ni en el plano del análisis ni en la cuestión de la prohibición.

Lo cual nos lleva a recordar que una cosa es el análisis y otra muy distinta la reacción o la prohibición. No entiendo cómo se puede dar el paso del uno a la otra, como si la segunda se dedujera del primero. Si alguien considera que tras el bañador largo o el hiyab hay una opresión, ¿prohibir a esa mujer su entrada y su participación en el espacio público será la mejor manera de contribuir a que se libere de dicha opresión? ¿No es más bien la forma de contribuir a lo contrario, y, desde luego, de empeorar su vida?

Estoy entre quienes esperan que un día superemos el binarismo y podamos todxs hacer un poco más lo que nos dé la gana que ahora (incluido llevar bikini o bañador largo… por parte de una mujer o de quien sea). No hace falta decir que nuestra sociedad y las otras que conocemos se encuentran bastante lejos de este objetivo utópico; mientras tanto, en ese largo camino que nos queda, la peor de las opciones es la de prohibir. Se trata de ir abriendo, no de cerrar.

Llegadas a este punto, nos hacemos esta pregunta una vez más: ¿cómo puede ser que en Francia lo estén haciendo tan mal, que se maltrate repetidamente la diversidad de las personas procedentes  -o no- de la inmigración?, ¿cómo es posible que desde algunas instancias del poder no haya conciencia de las consecuencias de esos agravios, de lo que supone empujar a las personas a identidades reactivas que se encastillen en lo que parezca contrario de lo que caracteriza a quien maltrata y agravia? O quizá si hay esa conciencia, y es precisamente de eso de lo que se trata…  En cualquier caso, nos toca aprender del país vecino sobre lo que no conviene hacer.

 

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Burkini bat erostera noa (Logroñoko piszinak II)

Bai, lehengusinari komentatu berri diot. Medikuak argi utzi zidan eguzkia ez dela ona nire azalerako, eta hobe izpien azpian ez jartzeko. Nik itzala aukeratzen dut beti (guardasola, zuhaitza, txiringitoa), baina bainatzea ere gustuko dudanez eta horretarako itzala abandonatu behar dudanez, nire aukerak aztertzen ari naiz. Bikini edo bainujantzi bat jartzea eta airean gelditzen den azal guzti-guztia kremaz betetzeak ez dauka zentzu handirik niretzat. Hobe likatsua ez den beste zerbaitez azala estaltzea, ezta? Neoprenoa ez da alternatiba bat; raftinga edo surfa egiteko, bale (raftinga edo surfa egiten duenarentzat); Logroñoko igerilekuetan bainatzeko, deserosoa deritzot: pegatuegia, zurrunegia. Likrazko bainujantzi osoa ideia bikaina iruditzen zait.

Beste abantaila bat: depilatu nahi ez dudanez, baina aldi berean begirada kritiko, harritu edota lotsagabeek oraindik molestatzen nautenez, praka luzea daukan bainujantzi batekin oso eroso joango naiz.

Ikusi dut, bestalde, bainujantzi luzeak erostea ez dela gaur egun batere zaila eta kolore eta diseinu ugari daudela; nire gustuko zerbait aukituko dut seguru. Bazen garaia bainu arroparen merkatua apur bat zabaltzeko. Nik neuk burua estaltzeko partea behar ez dudanez, jantziari kenduko diot; beste guztia oso ondo etorriko zait.

 

Lehengusinak

Lehengusinak keinua okertu du. Ea pasa den astean Logroñoko igerilekuan zenbat bainujantzi luze ikusi nituen –bat ere ez, berak ondo dakienez– eta ea zergatik izango den. Depilazioaren aldeko begiradek molestatzen banaute, ea bainujantzi luzeen kontrakoak gusturago hartuko ditudan. Hori, zortea baldin badaukat eta begiradak baino ez badira. Jendea nahastuko dudala, gainera, jantziari ilea estaltzeko partea kentzen badiot, ez baitute jakingo ze musulman mota naizen ni.  Amona eta neba-arreba-koinata-koinatuak ere etorriko direnez, adin guztietako biloben saldo osoaz gain, azalpen asko eman beharko ditudala. Eta, noski, argi edukitzeko bera ez dagoela nirekin batera bainatzeko prest, berak toplessa egiten duela eta lasai egon nahi duela.

Hori guztia entzun ondoren… gero eta gogo handiagoa dut nire burkini berriarekin piszinara joateko!

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Logroñoko piszinetan ere “Los cuarenta principales”! (Musikaren inposaketaz)

Instalazio ederrak Logroñoko piszinakoak: txiribuelta askoko hiru txirrista erraldoi, aldagela garbi eta erosoak, bazkatzeko gogoa ematen duen belardia, itzal ederra eskaintzen duten zuhaitzak… Eta hainbat ordutan zehar, bozgorailu guztietatik, Los Cuarenta Principales. Rhianna, Justin Bieber, Katy Perry, Lady Gaga eta abar. Ez oso baxu, hor geunden den-denok ondo entzun genezan. Siesta orduan ere bai, aikejoderse.

Ez da lehenengo aldia behartuta sentitzen naizela musika entzutera, eta Gasteiztik bertatik atera gabe. Ez naiz hitz egiten ari taberna batez edo diskoteka batez, non, nik nahi badut, hanka egin ahal dudan. Inposaketa urrutira heltzen da: osasun sistema publikoan ere egokitu zait niretzat desatsegina den musika agoantatu behar izatea! Alde Zaharreko anbulatorioan Kiss FM jartzen digute, egun osoan zehar, gure txandaren zain gauden gaixooi. Bai, ondo irakurri duzu, Kiss FM. Ez naiz ni anbulatorioan musikarik ez jartzeko formalki eskatu duen bakarra, behin baino gehiagotan (eta alferrik, esan gabe doa). Beste adibide bat: kimioterapiaren tratamendua jasotzeko Txagorritxun dagoen egongela handian ere Los Cuarenta Principales suertatu zaizkit beti (hor, baina, ez nuen eskaera formalik egin, beste kontu batzuekin nahiko entretenituta nengoen eta). Onkologiako itxaron-gelan ere, telebista piztuta eta Antena3 jarrita aurkitu dut behin eta berriro (eta Hola eta Semana aldizkari ugari mahaitxo batean). Nire lehengusinak komentatzen dit Salburuako psikiatria moduluan ere irrati-formula ipintzen dutela inolako gupidarik gabe. Ez dago ihesbiderik!

Bi kontu ez ditut ondo hartzen. Alde batetik, ni musika entzutera behartzea (gure garai honetan, gainera, non edozeinek eraman ahal duen aurikularrak dauzkan musika-makinatxo bat, nahi badu). Beste aldetik, musika mota: irrati-formula komertzialenak, estilo hori denon gustukoa izango balitz bezala.

Hori dauka mainstream musikak, musikaren industria hegemonikoak ekoizten duenak. Hegemonikoa den guztiak “naturala” dirudi, zentzuduna; gure bizitzaren partea da, gehienek onartzen dute eta ia inkontzienteki eta kritikarik gabe jarraitzen dute eta transmititzen dute (talde menperatzaileen interesak elikatzen laguntzeaz gain). Alegia, normaltzat hartzen dugu musika industrialarekin leku guztietan matraka ematea.

Senideekin eta lagunekin gaia komentatzean, denetariko iritziak entzun ditut. Kopetaraino daudenen eta gustura hartzen dutenen artean, batek zer pentsatua eman dit: musikak giroa alaitzeko duen gaitasuna kontuan hartu behar da. Nago, argudio hori osasun zentro batzuetan irrati-formulak jartzeko arrazoien artean egongo dela; eta piszinetan eta horrelako lekuetan ere bai. Gurasokeria (eta, ondorioz, infantilizazio) puntu bat badauka kontuak, nire ustez. Badirudi “alaitu” behar gaituztela, guk nahi ala ez; gure denbora entretenimendu arinez bete behar dutela. Aber, alaitzaile horiek: ea dekretoz poztu behar garen zuek esaten duzuenean eta zuek nahi dituzuen produktuekin.

Musika zalea banaizela azaldu beharko dut? Bai, banaiz, baina nahi nuke neuk aukeratu noiz entzun, eta baita ere zer entzun. Isiltasuna, bestalde, maitagarria iruditzen zait. Azpiestimatua dago gure egun hauetan, tamalez.

Eta zuri, irakurle hori? Non eta noiz tokatu zaizu inolaz ere aukeratuko ez zenukeen musika entzun behar izatea?

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“Ez ezetz da”. Eta aldi berean “Como tú te llamas yo no sé…” jazarpena

 

“Ez ezetz da”

Azkeneko asteotan “Ez ezetz da” leloa errepikatzen ari da era guztietako euskarrietan: kartel feministak, pregoiak, egunkari zutabeak, politikoen adierazpenak… Apur bat pentsatuta, fuertea da gero horrelako esaldiak, Pernandoren egiak, tautologia hutsak, aldarrikatu behar izatea. Baina Euskal Herriko festen garapena ikusita, argi dago premiazkoa izaten jarraitzen duela, ez soilik eraso sexual larriengatik, baizik eta horren ohikoak diren babosokeriengatik.

Zeledoi jaitsi berri da bere sokatik Gasteizen, eta gure 14 urteko iloba harantz joan da eta berandu itzuliko da etxera. Bi aholku azkar atera baino lehen (“badakit badakit, izeba” keinuaz jasoak). “Neska, egin soilik zuk nahi duzuna, ez besteek nahi dutena, batzuk oso astunak dira eta; eta koadrilakoen artean elkar lagundu, norbaitek zuetako bati arazorik sortzen badio”. Ez diot esan (ez diot esan nahi izan): “etorri lagunduta, ibili argiztatuta dauden lekuetatik, ez pasatu jenderik gabeko kaleetatik, ez gelditu bakarrik ezagutu berri duzun mutil batekin…”.  Ez nago prest emakume bati eskatzeko beldurrarengatik gauzak egiteari uzteko.

 “Cómo tú te llamas, yo no sé…”

Supermerkatuko hari musikalean abesti hori entzun dut gaur goizean, eta kalera ateratzean nire burua harrapatu dut hasierako notak ahopekatzen… Abestia ez da berria niretzat, duela aste batzuk ilobak berak erakutsi baitzidan bideoklipa, bere lagunekin guatsapez partekatu ondoren (“ona, e izeba?”). Horrez geroztik leku guztietan entzuten dut eta ez daukat dudarik Gasteizko festa hauetan hamaika aldiz jarriko dutela.

Nicky Jam. “Hasta al Amanecer”. 656 milloi bisita YouTuben. Harrapazank.

Letraren lerro esanguratsu batzuk baino ez ditut jarriko. Adi egon: neska “bakarrik” dago mutil batekin ez badoa; neska mugitzen denean “moviendo todo eso pa’ mí” dabil; neskak esaten dio “deja eso”, baina gizonak alamena ematen jarraitzen du… Zelako pagotxa, tipoa.

[…] Óyeme mamacita, tu cuerpo y carita
Piel morena, lo que uno necesita
Mirando una chica tan bonita
Y pregunto por qué anda tan sólita

Ven dale ahí ahí, moviendo todo eso pa’ mí
No importa idioma ni el país
Ya vámonos de aquí, que tengo algo bueno para ti
Una noche de aventura hay que vivir […]

Yo pendiente a ti, como bailas así
Con ese movimiento me hipnotizas
Me voy acercando hacia ti
Y te digo suave al oído

Escúchame mami
Yo te estoy queriendo
Siento algo por dentro
Y tú me dices: “Estás muy loco, deja eso”

Mami yo te estoy queriendo
Siento algo por dentro
Me muero por llevarte

Cómo tú te llamas, yo no sé
De dónde llegaste, ni pregunté
Lo único que sé, es que quiero con usted
Quedarme contigo hasta el amanecer

Bideoklipa da, baina, gogorrena. Erne: emakume gaztea garbitegi batera sartzen da bere arropa garbitzera. Gaua da eta ez dago beste bezerorik. Orduan bertan lan egiten duen gizona (kantaria bera) agertzen da eta hasten da jazarpena, klip osoan zehar garatzen duena. Gizona neskaren espazio fisikoan sartzen da, gehiegi hurbiltzen zaio, ukitzen du, bere gorputza balorazen du, roiloa eskatzen dio behin eta berriro… nahiz eta neskak ez duen nahi.

Bideoak transmititzen du gizona ez dela tentel integrala (asko falta ez zaion arren); beranduago etortzen den emakume zahar bati arropa makinan sartzen laguntzen dio (agian bere lana delako?).

“Musika itsaskorra da” (kontzesioak egin behar direla ikasi dut😉 ), “baina zelako babosoa tipoa, ezta?” esan nion ilobari. “Jo, ba bai…”; ados agertu zen iloba. Tira, karga nagusia hein batean desaktibatuta.

Mezuen lehia maila sinbolikoan ebazten da

Diskurtsoaren bidezko mezua (“ez da ezetz”) eta bideoklip liluragarriaren bidezko mezua (“pregunto por qué anda tan solita…”) ez daude maila berean; lehiakideotako batek aukera gehiago dauzka gazteen zainetara zuzenean heltzeko, burmuinetik pasatu gabe. Ez dut esaten lehenengo mezu mota igorri behar ez denik, ez horixe; esaten dut bigarren motako mezuak aldi berean heltzen ari direla, beste autobide batetik, eta sedukzioaren eraginkortasuna dutela. Oraingo hau adibide bat baino ez da; genero berdintasunaren eta askatasunaren alorrean behin eta berriro gertatzen zaigun zerbait da.

Izan ere, ilobak bideo hau jaso du bueltan guatsapez.

Adexe & Nau. “Hasta el amanecer”. 63 milioi bisita YouTuben.

Hara zein azkar ikasten duten gazteek eta zein ondo imitatzen dituzten nagusien gauzak. Oraingo honetan, gainera, bi dira neskari txaplata ematen dioten mutilak, bi. Ze moñoñoak. Ez ninduke harrituko gure inguruko ikastetxeren batean bosgarren edo seigarren mailako gelaren batek abesti/bideoklip guai hau aukeratu izanak, eta irakasleen eta beste ikasleen aurrean antzeztu eta dantzatu izanak ikasturtearen bukaerako jaialdian.

Tira, “Hasta el amanecer” produktuaren ligan jokatu dezake hobeto Esne Beltzaren “Ez da ezetz” abestiak, nahiz eta aurrekoarekin alderatuta diskurtsiboagoa den eta dotrina zuzenago igortzen duen. Aitortu behar dut produktu kulturalen mezu positiboei dagokienez, “zeharkakotasuna/literaturtasuna/hartzaileak berak ere apur bat eraikitzea” hobesten dudala. Besteak beste, horrek hobeto funtzionatzen duelako. Edozein modutan ere, ez da ohikoa abesti batean hau entzutea:

Esne Beltza. “Ez da ezetz”. 11 mila bisita YouTuben.

Azken bideoklip honetan agertzen diren nesken erantzuna, bestalde, asertiboagoa da; “ez, eskerrik asko” irribarretsu bat baino harago doana, nahiz eta horrek nahikoa izan beharko lukeen. Emakumeok ez dugu zertan horren ondo heziak izan uneoro, redio.

Lehengusinak

Harroputz bat naizela dio… Ea benetan lasai gelditu naizen iloba joaten uzten, etxera lagunekin batera itzultzeko agindu gabe… Jopeeee.

 

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“Ni ere generoaren polizia ote naiz?”

(Artikulu hau Gasteizko Koldo Mitxelena Institutuaren aldizkaria argitaratu berri da)

 

Horixe galdetu zidan herenegun hamasei urteko nire iloba Elenek, institututik bueltan.

Berak badaki zer den “generoa”, besteak beste klasean gaia landu dutelako;  izan ere, kontziente da neska izateagatik jaiotze momentutik bertatik “pakete bat” egokitu zaiola (hainbat ezaugarri, funtzio, jokatzeko modu…). Eta bere nebari gauza bera gertatu zaiola mutila izateagatik. Eta badaki  familiak, eskolak, telebistak, pelikulek, bideoklipek, liburuek… hamaika mezu bidali eta bidaltzen diotela neskentzat markatutako bidetik eramanarazteko. Kontziente da, halaber, heterosexualitatea pakete horren barruan dagoela.

Argi dago legea ez dela sartzen norberaren bizitzan, ez dizula esaten nolakoa izan behar zaren edo nola jokatu behar duzun, norekin irten behar zaren, nola joan behar duzun jantzita…, eta hala ere, badirudi ezin duzula edozein gauza egin, ezin duzula markatutako bidetik nabarmenki atera, zeren hala egiten baduzu, zigor sozial moduko bat jasoko duzu.

Ez badago legerik, nola dakizu zer dagokizun “neska” ala “mutil” moduan?  Bidetik ez ateratzeko modu eraginkor bat honakoa da, lagunen eta ikaskideen komentarioak jasotzea, “generoaren poliziarenak” egiten dutenean, alegia, ohartarazten dizutenen zerbait ez zarela ondo egiten ari neska zaren heinean edo mutila zaren heinean.

Elenek galdetu dit, beraz, ea uste dudan berak ere kolaboratzen duen, konturatu gabe, alboan dauzkan lagunen eta ikaskideen bizitzak kontrolatzen eta mugatzen. Ez dut jakin zer erantzun; izan ere, galderak baino ez zaizkit bururatu:

-Zuk beldur diezu zure lagunek eta ikaskideek egin ahal dituzten komentarioei zure itxura eta zure jokaeraren inguruan? Horrek baldintzatzen zaitu eta zure nahiak eragozten ditu?

-Neska baten gorputzak ez baditu edertasunaren industriak markatutako arauak jarraitzen (argala baina ez argalegia, ez oso altua ez oso baxua, ondo depilatua, ile luze eta zaindua, modaz pasata ez dirudien arroparekin…) eroso sentituko da zurekin eta zure inguruko lagunekin, ala kritiken beldur egongo da? Beldurra izango diote besteek zuk esan zenezakeenari?

-Neska baten jokaera mutilekiko ere kritika iturri izan daiteke? (Ausarta baina ez ausartegia, sexy jantzita baina pasatu gabe…).

-Zenbat neska ezagutzen dituzu neskengan interesatuta daudenak zure inguruan? Zenbat mutil mutilengan interesatuta? Batere ez baduzu ezagutzen, edo oso gutxi, zergatik izango da? Agian ez dutelako nabarmendu nahi, norbaiti gaizki irudituko zaiolakoan? Agian zuk ere jarrera kritiko bat erakutsiko duzulakoan?

Mutilek jasotzen dute askotan genero presio handiagoa, gehienetan beste mutilengandik, eta beste batzuetan neskengandik. Komentarioen bidez, ohartarazten zaie ez dutela “nesken gauzak” egin behar, ez dutela homosexualak (“marikoiak” esango lukete) iruditu behar. Batzuetan txantxetan esaten zaie, umore tonu eta keinuez. Baina umore hori ez da enpatikoa ezta dibertigarria ere, bestearen jokaerak kontrolatzeko tresna baizik. Eleneri galdetu diot ea honako esaldi hauek edo antzekoak entzun dituen bere inguruan, ea berak ere inoiz esan dituen:

-“Nora zoaz txima horiekin? Neska bat dirudizu, kar kar kar”.

-“Zelako koloreak, zapatila horiek neskenak dira, txabal”.

-“Hara, zelako txaketa, begira ze marikoikeria daraman horrek”.

-“Ui ui ui. Martinekin maiteminduta zaude, zure nobioa da, e?” (Mutil bat beste batengana “gehiegi” hurbiltzen bada).

-“Baina oraindik ez zara neska horrekin enroilatu? Zu pringao bat zara”.

Elene pentsakor geratu da. Duela gutxi institutuaren sarreran zintzilikatuta dagoen tapiz horretaz hitz egin zidan. Zeuk ere jakingo duzu zein den: duela bi urte ikasleen talde handi batek idatzitako ehun zatiekin osatuta dago, zati guztiak josita, eta genero bortizkeriaren kontrako hitzak eta esaldiak aurki daitezke bertan: “Ez gaude inoren menpe”, “Nire gorputza errespetatu”, “Emakumeen kontrako indarkeriarik ez”, “Matxismorik ez”… Irudi gutxi daude patchwork estiloko tapiz eder horretan, hamar bat baino ez, baina hara non, fijatzen bazara, irudi guzti-guztietan agertzen diren pertsonak mundu musulmanarekin lotuta daude: burkak ikusten dira, zapiak, lapidazioak edo harrikatzeak… Elenek zera esan zidan: “Badirudi askoz errazagoa dela beste gizarteetako bortizkeria hautematea gurean dagoena baino”. Baliteke, eta ziur aski sumatzeko zailena zera da, guk geuk eragiten ditugun mikrobortizkeriak, alegia eguneroko bizitzan besteen askatasuna (gure adiskideena, gure ikaskideena) mugatzen duten gure presioak.

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Sexua Bartzelonako metroan. Nola ikasten da konorterik gabeko emakumeez abusatzen?

“Kontzientea” izan zen?

Duela aste gutxi Liceu geltokian egindako grabazio bat zabaldu zen, non gizon bat eta emakume bat agertzen ziren sexua praktikatzen metroaren beste erabiltzaileen aurrean. Denetariko erreakzioak egon ziren komunikabideetan eta sare sozialetan. Transports Metropolitans de Barcelona-k bi personak bilatzen ditu Metroaren araudia urratzeagatik.

Lekuko batek, baina, honako komentarioa egin zuen: “La chica no estaba en un estado muy idóneo. Estaba consciente, pero cuando acabó no podía ni levantarse. El chico tuvo que ayudarla a vestirse. No sé si era una cosa muy voluntaria y deseada por ella”. Lekukoak neska agian mozkortuta zegoela aipatzen du. Eldiaro.es-eko zutabegilea den Barbijaputak ondorio hau ateratzen du: “En pleno siglo XXI, en el primer mundo, tan civilizado siempre, nadie la busca para preguntarle si ha sido objeto de una violación, si se encuentra bien. La buscan porque es ella quien ha violado algo, en este caso las normas”.

Ez dut informazio gehiago komunikabideetan aurkitu,  eta ez dakit ze segida izan duen gertaerak. Kezkagarria dena zera da: ikasi dugu emakume bat inkontziente baldin badago (gaixorik, mozkorturik, ondoezik, drogaturik, koman…), gizonek eskubidea daukatela bere gorputza erabiltzeko baimenik jaso arte itxaron gabe. Feministek nahi dutena esango dute, baina produktu kulturalek horixe erakutsi digute, modu estilizatuan, edertuan, errepikakorrean. Txikitatik. Etengabe.

Eta gainera, ikusi dugu emakumeentzat oso ondorio positiboak izan ahal dituela erabilera horrek. Egin memoria. Filmaren bat bururatzen zaizu? Haurtzarotik hasi gaitezen.

 

Konorterik gabeko emakumeak filmetan

Edurnezuri. Emakumea inkontziente dago sagar zati pozoitsu bat irentsi ondoren. Eskerrak gizon bat hortik pasatzen den eta ezpainetan muxu ematen dion, orduan esnatzen da eta. Betirako eskertuta eta ezkontzeko prest.

Loti Ederra (noski). Honi antzeko gertatzen zaio. Handik pasatzen den gizon batek konorterik gabeko emakume bat aurkitzen du eta ez zaio ahoan muxu bat ematea besterik bururatzen. Eta zein ondo etortzen zaion konorterik gabekoari, bera ere esnatzen baita. Eta aurrekoa bezala, oso eskertuta eta ezkontzeko deseatzen.

– Pedro Almodóvarren Hable con ella filma. Alicia (Leonor Watling aktorea) koman dago eta Benigno (Javier Cámara) bere erizaina da, urteetan zehar dedikazio eta maitasun handiz zaintzen duena… eta harreman sexualak ere berarekin izaten dituena, ezkutuan noski, haurdun uzteraino. Bai, ondo irakurri duzu. Baina lasai, zeren haurdunaldi horri esker, Alicia esnatuko da eta bere bizitza berreskuratuko du. Pelikulak ez du inolako diskurtso kritikorik igortzen Benignoren abusuaren inguruan, bide batez esanda. Ze majoa Benigno, bere izenak berak dioen bezala.

Ez zen lehenengo aldia Almodovarren filma batek emakumeen kontrako bortizkeria beraientzat positiboa izan daitekeela adierazten duenik. Átame-n ere ikusi genuen gizon bat (Antonio Banderas) jatorra bada eta enamoratuta baldin badago, neska (Victoria Abril) berarekin maitemintzera derrigortu ahal duela, horretarako egun askotan bahituta, bozatuta eta oheari lotuta edukiz.

– Paco Leónen Kiki, el amor se hace. Duela gutxi aurkeztu den produktu horretan hurrengo urratsa ematen da. Gizon batek bere emaztea bortxatzen du gauero, maitasunarengatik. Horretarako, emakumea drogatzen du, korderik gabe utzi arte. Emaztea gertatutakoaz konturatzen denean, aulki gurpildunetik altxatzea lortzen du… zertarako eta, erabat hunkituta, bere senarra/bortxatzailea besarkatzeko! Harrapazank. Ze polita den maitasuna. (Pelikula horren inguruan Santi Fernández Paton-en iruzkina irakurtzea gomendagarria da).

Kikik ere ez du dikurtso kritikorik bidaltzen senarraren jokaerarekiko. Ez horixe. Kurioski, pasarte horiek benetako bizitzan gertatzen zaizkigunean emakumeoi ez digute inolako graziarik egiten. Mandy Boardman estatubatuarra erabat atsekabetuta sentitu zen konturatu zenean bere senarrak gauero drogatzen eta bortxatzen zuela (drogek egunean zehar eragiten zituzten albo ondorio latzak aipatu gabe). Gertatutakoaz jabetutakoan, berak ez zuen, hunkituta, bere senarra besarkatu; bortxatzailea epaitegira eraman zuen.

Enpin. Titulu horiek bururatzen zaizkit, holan, boteprontoan. Baina bahitzaileak agertu zaizkigunez, ezin dut bukatu beste film pare bat aipatu gabe.

 

Bahitzaile jatorrak

-James McTeigueren V for Vendetta. Bai, sumindu askorentzat mitikoa den filma, maskara zuri irribarretsua zabaldu duena. V deritzon mozorrotutako iraultzaile karismatikoak  (Hugo Weaving aktoreak) Evey izeneko kazetaria (Natalie Portman) erreskatatuko du behin baino gehiagotan gaiztoen eskuetatik. Halako batean, baina, emakumea bahituko dute eta egun askotan zehar torturatuko dute V salatu dezan (eta umiliatu, burua soildu…). Alferrik; kazetariak tinko agoantatuko du eta ez du ezer esango. Ez naiz ondo gogoratzen eta ez dut interneten aurkitzen (eta ez nago prest filma berriro ikusteko): bahitzaileak Evey bortxatzen du? Bai, ezta?

Tira, azkenik, aske geratzean, Eveyk jakingo du dena engainu bat izan dela  eta bere bahitzailea V bera izan dela, emakumearen izaera sendotzen laguntzeko asmoz. Haserre bizia sentitzen du orduan Eveyk, harik eta ulertu arte torturak bere heriotzari aurre egiteko behartu duela, eta horrez geroztik beldurrik gabe bizi ahal izango duela. Zelako liberazioa! Ze jatorra, V. Ze didaktikoa. Ze demokratikoa. Tori hezkuntza inklusibo, dialogiko eta parekidea. Horren ondoren, nola ez, Eveyk bere bihotza eta aktibismoa Vren zerbitzura jarriko ditu baldintzarik gabe.

Aitortu behar dut V for Vendettaren maskara ikusten dudanean manifa batean, egonezinik sentitzen naizela, gizon indignatu ugariren defizit feministaren isla iruditzen zait eta.

Eta bahitzaileekin sartuta, on-ona da…

Ederra eta Piztia. Guraso hori, izeba hori: pelikula hau zortzi aldiz zure umeari jarri baino lehen, gogoratu bertan gizon batek emakume bat bahitzen duela eta bere kontrolpean mantentzen duela denbora luzean zehar, azkenean emakumea bere bahitzailearekin maitemindu arte (beste Átame bat, umeentzat egokitua). Emakumearen  maitasuna eta sakrifizioari esker, gizon munstrotsu hori printze lerden eta jator bihurtuko da.

Aizu, ez al da hori tratu txarren oinarria? Ze entrenamendu eraginkorra neska eta mutilentzat etorkizunari begira, ezta? Seduktorea den produktu kultural baten bidez, hezkuntza sentimental galanta proposatzen diegu txikiei. (Ez galdu Barbijaputak fimari buruz egindako iruzkina).

 

A cup of tea

Zerrenda ederra, e?

Ulertezina irudituko zaigu benetan gizon batzuek kontuan ez izatea emakumeek baietz esaten duten ala ez? Eta gizon batzuek eta emakume batzuek pentsatzea jokaera hori “normala” dela?

Nola lagundu gazteei hori guztia desikasten?

Nik, nonbaitetik hasteko, nire ilobei bideo eder hau guatsapez bidaliko diet: te hartzera gonbidapenen inguruko azalpen ederra (azpitituluekin ikus daiteke). Azkeneko esaldiari arreta jartzeko eskatuko diet:

 Consent is simple as tea

 

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“La hija extranjera” de Najat El Hachmi. Mujeres inmigrantes y patriarcado

Acabo de terminar la novela La hija extranjera, de la autora catalana de origen marroquí Najat El Hachmi. La novela, que obtuvo el premio San Joan 2015, tiene también gran valor extraliterario para quienes nos interesamos por la interculturalidad.  Y por el feminismo. Hay en la narración una palabra no pronunciada que subyace, según mi punto de vista, al texto de principio a fin y explica los conflictos de la protagonista a lo largo de la historia: patriarcado.

La novela se puede leer desde otras claves: relación materno-filial, crisis de crecimiento, construcción de una identidad entre dos culturas, significado de la “integración” de las personas inmigrantes en un entorno a menudo hostil, conflicto cultural… Pero me voy a centrar en la presencia del patriarcado en el texto por su capacidad explicativa de la situación de la muchacha y por la posibilidad que abre para la reflexión.

Un inciso. En mi artículo anterior me refería al patriarcado, esa forma de organización social que clasifica a los seres humanos en dos categorías con características y funciones distintas,  que tiene como objeto mantener la dominación masculina y adopta formas diversas en las diferentes sociedades y culturas (y no es igual, claro está, en Vitoria o en Riad). Recordaba que no todas las personas de un lugar lo encarnamos de la misma forma, aunque todas lo hacemos de un modo u otro porque forma parte de nuestra configuración social. Explicaba que las feministas de la sociedad en la que vivo tenemos la práctica de analizar el patriarcado que nos afecta: nos proponemos conocer sus formas, analizarlas, deconstruirlas, buscar sus rastros en nuestras vidas y en nuestros cuerpos, al tiempo que intentamos crear resistencias, impulsar autodefensas y nuevas formas de ser y de relacionarnos.

Tras esta introducción me preguntaba por el patriarcado de aquellas personas que  vienen de otras sociedades y que, claro está, no han dejado allí, sino que traen consigo. Y podemos plantearnos más cuestiones: ¿Cómo se materializa el patriarcado de origen en la vida de las mujeres inmigrantes en el nuevo contexto? ¿Cómo se materializa en ellas el patriarcado de la propia sociedad receptora? ¿Qué sucede en la intersección? ¿Como se relacionan ambos?

Pues bien, ésta es la novela de una protagonista escindida entre dos patriarcados. Patriarcados que le presentan exigencias y mandados distintos, a menudo contradictorios, que se miran uno a otro transformando su rostro para responderse entre sí sin perder de vista la presa. Aviso ahora para quien no haya leído la novela: aunque no voy a descubrir completamente el final, sí voy a desvelar a continuación algunas partes de la trama.

En el punto de partida nos encontramos a una muchacha de dieciocho años que vive con su madre, con quien llegó de niña a una ciudad de Cataluña. La muchacha parece haberse adaptado perfectamente a la sociedad local, es una joven culta y voraz lectora, perfecta hablante de catalán, excelente estudiante sobre la que sus profesoras tienen altas expectativas…

La novela, sin embargo, nos deja ver que las personas de origen autóctono la tratan a menudo como alguien que lo está haciendo muy bien en la sociedad local… a pesar de su origen extranjero. Y que ese origen no lo olvidan, por ejemplo, cuando se pone a buscar trabajo, y más tarde, en sus sucesivos empleos, lo que le resta posibilidades de tener una vida mejor. Y tampoco olvidan su origen quienes la rechazan cuando se propone buscar otro piso de alquiler para ella y su familia.

Y sí, los parámetros de la sociedad local se manifiestan en su cuerpo; por ejemplo, en esa preocupación por mantener un peso y una forma corporal alejados de los estándares de las mujeres de su grupo de origen; su obsesión por la dieta y el ejercicio físico aparecen en distintos momentos en el texto.  Y también su incomodidad en las reuniones y celebraciones familiares, donde su cuerpo delgado y su frugalidad no son bien vistas.

En las primeras páginas a la joven se le presenta la disyuntiva entre seguir estudiando o aceptar el deseo de su madre de casarse con un primo suyo de Marruecos y traerlo a Cataluña a vivir con ellas cumpliendo así las expectativas familiares. Opta entonces por postergar los estudios, buscar un trabajo humilde y casarse con ese hombre. Algo que, al mismo tiempo, le resulta difícil de comunicar a sus conocidos no marroquíes, sabiendo que esperan de ella otro recorrido vital, más acorde al estilo de vida de las jóvenes autóctonas.

Se llevan a cabo los preparativos de la boda y ésta se consuma. El marido-primo es un personaje con pocos matices: resulta ser un hombre tradicional, que está acostumbrado a ser servido en la casa por las mujeres sin colaborar en nada, que se vacía torpemente cada noche sobre su esposa, que pasa el día con sus paisanos en los bares de la ciudad gastando el dinero que han ganado trabajando la protagonista y su madre… pero que a partir de un momento dado, incómodo por su estatus, le pide a la joven que cuide las formas y se ponga el pañuelo como corresponde a una mujer casada. Y consigue para ello la connivencia de su madre, para quien es tan importante mantener una imagen adecuada en el colectivo de origen y que desea rehuir el conflicto con su yerno y con la familia de éste, que es la suya propia.

El debate interno de la muchacha ante el pañuelo es doloroso y la decisión final de llevarlo no le resta sufrimiento. Desde el colectivo autóctono hay sanción: la protagonista se siente observada y juzgada; una antigua maestra querida para ella le niega el saludo al verla velada. Anteriormente hemos visto que otra mujer que trabajaba como mediadora intercultural en el ayuntamiento ha sido expulsada de su puesto de trabajo cuando empieza a hacer uso del pañuelo, empleo que se le ofrecerá después a la protagonista. Son las presiones que llegan a la vida cotidiana de las mujeres de religión y/o cultura musulmana desde el etnocentrismo y la islamofobia de la sociedad autóctona.

El papel de la madre es fundamental; se trata de una mujer procedente de un entorno rural, tamazig, analfabeta, incansable trabajadora, que ha logrado sacar adelante a su hija ella sola en un contexto difícil por no decir hostil. Es un acierto de la novela que las propuestas de la madre no se formulen a modo de exigencias; es más bien esa madre sacrificada que hace de correa transmisora de los mandatos del patriarcado, el papel que tantas madres han venido realizando a lo largo de los siglos de manera tan eficaz. A través de la voz de la madre, escuchamos los ecos de la comunidad de origen, que recuerdan a la protagonista aquello que debe hacer una mujer como debe ser. Ante la resistencia de la muchacha a llevar el pañuelo, la madre se enferma y queda postrada en cama durante días; hasta que la joven adopta la decisión de ahorrarle sufrimiento y ponerse la prenda.

La escisión interna llega al punto de que es la propia joven la que ve en peligro su salud mental. Compatibilizar las exigencias y expectativas de otras y otros con sus deseos y necesidades le resulta imposible. Elige entonces un camino radical, probablemente uno que no se le ha ocurrido hasta ahora a quien lee la narración.

Creo que puede resultar una novela incómoda según desde donde se lea; la forma en que la sociedad receptora trata a la muchacha es reflejada de modo crítico, pero quizá lo es más la manera en que se presenta el colectivo de origen; particularmente el marido y de modo más matizado, la madre. No hay por qué generalizar; es una novela de personajes concretos, no de arquetipos. Y sin, embargo, nos habla de algo que está más allá: el choque entre las exigencias de dos sociedades y entre dos modos diferentes del patriarcado que batallan en el cuerpo de una mujer entre esos dos mundos.

Es interesante, por ello, la presencia de mujeres del mismo origen que han encontrado otras vías en su negociación entre ambas sociedades: la mujer que no se ha casado (que es quizá lesbiana) y que visita a sus clientas/amigas en sus casas vendiendo joyas y objetos mientras intercambia información y chismes y ayuda a tejer relaciones; la joven moderna que vive independiente de su familia y trabaja como “vestidora” de novias en las bodas en la comunidad marroquí… Y también la presencia de quienes no pueden elegir ni negociar, como es el caso de la prima jovencita que vive en el pequeño y empobrecido pueblo de Marruecos de donde procede la familia y a quien vemos realizando las tareas que le corresponden en ese entorno por su edad, situación familiar y género.

Con todo, sentimos a la joven más cercana a la sociedad de llegada que a la sociedad de partida: habla la lengua de su madre con algunas dificultades y se expresa perfectamente en la lengua local; usa a lo largo de su discurso gran cantidad de referencias literarias procedentes de la cultura local que para ella están llenas de significado, mientras que la lengua de origen no tiene tradición escrita; su educación y su formación escolar son también las de la sociedad receptora; su aspecto se acerca al de una joven autóctona; la decisión final la aproxima a los parámetros de la sociedad local mientras la aleja de la de su madre…

Una novela, en fin, para dejarse enganchar por la propia historia y reflexionar al tiempo sobre las exigencias patriarcales que interaccionan sobre las mujeres en la intersección entre las culturas y sobre la dificultad que pueden tener éstas en ese contexto para reconocer y responder a sus propios deseos y necesidades.

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