Educación “intercultural”. Algunos criterios para personas que educan en la diversidad

(Respondiendo a un encargo de GOIAN, el pedazo de programa socioeducativo de tiempo libre de mi barrio -Gasteizko Alde Zaharra-, propongo algunos criterios que seguramente serán luego transformados por la gente del grupo como mejor les parezca. Mi objetivo era formularlos de manera lo más breve y sencilla posible. De momento los cuelgo aquí por si pueden ser de alguna utilidad a otras personas que están educando en la diversidad. Ea azkar topatzen dudan denbora apur testu hau lehenbailehen euskarara ekartzeko).

– A menudo decimos que nuestra tarea es la “Educación intercultural”. ¿Qué significa eso? Básicamente tiene dos significados. Por un lado, se suele entender como trabajar en educación con alumnado de origen extranjero (y que, precisamente por eso, puede encontrarse en determinadas situaciones que necesitan atención: la de sufrir discriminación, la de padecer pobreza, la necesidad de aprender la lengua o las lenguas de la sociedad local, la necesidad de acomodarse a un nuevo entorno, de hacer nuevas amigas y amigos…).  Por otro lado, “educación intercultural” es un conjunto de capacidades y de actitudes que todo el alumnado (no sólo el de origen extranjero y no sólo el de origen autóctono) debe desarrollar para poder vivir de manera positiva en un mundo diverso, es decir, para convivir con personas que tienen rasgos culturales distintos de los propios.

Una pregunta que podemos hacernos de vez en cuando es si nuestro proyecto está promoviendo esos objetivos. Que estén juntas personas de distintos orígenes no es, de por sí, interculturalidad; como personas educadoras, hay que llevar a cabo un determinado trabajo para que esa interculturalidad se produzca.  Y otra buena pregunta es si las personas educadoras –si yo misma– no tendríamos también que desarrollar esas capacidades de convivencia, y no solo la chavalería con la que trabajamos. Malamente, si no, podremos acompañarla…

Estamos trabajando sobre todo una actitud. No hace falta saber muchísimo sobre las culturas de la otras personas (aunque conocer qué es importante en la vida de cada cual –sea “cultural” o no– viene siempre bien). El meollo es más una actitud de simpatía, de empatía, de apertura, de respeto, de interés por las otras personas, de relación positiva…

– Es importante no tratar al alumnado como extranjero, no insistir en su carácter de “extranjero”. Todo el alumnado, toda la chavalería con la que trabajamos es “de aquí”, no importa dónde haya nacido.  A veces se oye: “es que en `su cultura´ hacen esto así”. ¿”Su cultura”? ¿Cómo si sólo tuviera una, claramente definida, y fuera la de origen? Claro que esa persona puede tener vivencias culturales relacionadas con su origen y el de su familia, pero al mismo tiempo, está creciendo y se está formando aquí, y está adquiriendo las referencias de aquí, como cualquier otro chaval o chavala nacida aquí. Así que tiene derecho a ser tratado como “de aquí”. Además, estarán las referencias que le provienen de su familia o de su grupo de origen, que pueden ser muy distintas en cada caso entre gente que tiene la misma procedencia.

– Sólo de esta manera podrá desarrollar una “identidad múltiple”, que le permita sentirse “de aquí”, además de poder sentirse también “de allá”, sin tener que elegir una de sus pertenencias identitarias, sintiendo que hace traición a la otra. Hay chavalería que no se siente de ningún sitio, porque en ningún sitio se la considera como propia. El sentimiento de desarraigo de esa chavalería es un mal que tiene consecuencias para ellas y ellos y para la sociedad. Desde la educación podemos contribuir a que no se produzca.

– Conviene no tratar “étnicamente” al alumnado y a sus familias. Hay que desterrar la denominada “pedagogía del cus-cús”, que consiste en pedir a las personas de origen extranjero que se comporten según lo que las personas autóctonas creen que saben de “su cultura”: taller de henna y plato de cus-cús si provienes de Marruecos, preparación del té si eres sahararui,  percusionista de bongos varios si vienes del África Subsahariana en general… A las personas inmigrantes de países ricos y a la gente autóctona no se le pide que haga performances étnicas ante el resto; de hecho a menudo la gente autóctona llega a considerar “que ella no es étnica” (y, por eso,  puede llevar a una fiesta una bolsa de patatas del Eroski sin más), porque los étnicos son los otros, los que tiene que hacer todo el tiempo cosas típicas.

Nuestro proyecto educativo no cae en el relativismo cultural, que aceptaría sin análisis crítico todo lo que viene de las familias, desde la idea de que todo lo que es cultural debe ser aceptado y apreciado sin más. Nuestro proyecto tiene unos valores y puede ocurrir que no sean compartidos ni practicados al 100% por las familias de nuestra chavalería. En la cultura local, por ejemplo, existen contravalores como la gordofobia, la ancianofobia, la competitividad enfermiza, el sexismo, la homofobia y lesbofobia… Nuestro proyecto tiene valores que implican que no damos por buenas esas actitudes aunque haya familias -hayan nacido o no aquí- que las defiendan o las practiquen… Un valor irrenunciable es la igualdad de género y el respeto a la diversidad afectivo-sexual, y debe estar presente en nuestro proyecto no sólo en el discurso sino también en nuestra práctica.

– Nuestra chavalería -sea de origen inmigrante o de origen autóctono- procede de familias que en algunos casos pueden tener actitudes y prácticas machistas, lesbófobas y homófobas, elitistas y clasistas, aporófobas… Algo que también nos ocurre a las personas educadoras, que tampoco estamos libres de esas actitudes y prácticas. No es nuestra tarea transformar a las familias (aunque a veces les pueden llegar ecos positivos de nuestro trabajo), pero sí lo es ofrecer a nuestra chavalería otros valores y otras vivencias. Eso sí debería ser nuestro objetivo.

El trato con las familias, tengan las características y los valores que tengan, debe ser constructivo, no orientado a hacer juicios (“esta familia es racista, es machista, es…”) ni a relacionarnos con ellas de un modo u otro según esos juicios. El trato con las familias debe propiciar un diálogo respetuoso, que pueda dar lugar a negociaciones sobre el proceso educativo con su hija o hijo. Es importante tratar con las familias desde el reconocimiento, aunque no conectemos del todo en ideas y valores con ellas. Hay que escuchar, comprender, dar buen trato, aunque ellas y nosotras no estemos de acuerdo en todo… Sin olvidar que ese niño, niña o joven es realmente nuestro objetivo y merece todo el diálogo que sea necesario con su familia.

– Ante un desacuerdo con una familia debemos discernir qué es importante en ese conflicto (dónde están nuestros valores centrales) y qué no es tan importante (y se puede negociar). Cuando una chavala no va al curso de natación, quizá podemos negociar el tamaño del bañador o el uso del vestuario en la intimidad (que son cuestiones de segundo orden en nuestro proyecto educativo, mientras que la participación de las chavalas en las actividades es una cuestión de primer orden).

No se trata de atribuir cualquier cuestión que pueda resultar problemática a la cultura de las familias. Hay familias no importa su origen que están enganchadas al Sálvame, hay otra que sólo come precocinados, otra que… En fin, que cada familia hace cosas que pueden ser discutibles -aunque no sean ilegales- y no todo ello es “cultural” ni mucho menos.  Sin olvidar el factor persona o individuo dentro de la propia familia porque la familia no es un todo homogéneo. Podemos encontrar que la madre y el padre, o cada una de las madres, o la madre y la abuela… tienen actitudes, ideas y prácticas distintas.

No consideremos al chaval o chavala de origen extranjero como un representante de “su” cultura. No es un representante de ningún grupo. Cuando ha ocurrido un atentado de pretexto islámico, alguien se ha dirigido a algún chaval musulmán para hablar sobre el tema como si el chaval ¡perteneciera al mismo grupo que el terrorista! Y el chaval, por falta de recursos, puede incluso ponerse a la defensiva desde ese falso planteamiento. Tratar así a nuestra chavalería le viene muy mal, puede llegar a ser una profecía que se autocumple.

– La población gitana no es inmigrante y es incorrecto referirse así a ella. En todo caso, sí es un colectivo que ha sufrido discriminación durante siglos y que todavía se encuentra en desventaja social en una gran medida. Resulta que hay personas educadoras que tienen una actitud positiva hacia la población de origen inmigrante, tienen, sin embargo, una actitud negativa hacia la población gitana, y han hecho suyos los estereotipos más extendidos sobre este colectivo, incluso sin haber tratado nunca a una persona gitana. Para una persona educadora siempre es buen momento de autoanalizarse y revisar sus opiniones generalizadoras sobre los distintos grupos sociales. Los estereotipos y prejuicios sobre determinados grupos no son buenas herramientas para trabajar de manera adecuada con las personas concretas  de esos grupos y el educador o educadora debe estar en constante autorrevisión.

Cuidado con los aspectos económicos. Una buena parte del alumnado de origen extranjero y del alumnado gitano puede encontrarse en desventaja socioeconómica. Y, claro está, también el de origen autóctono payo. Hay que recordarlo de cara a la equipación (la ropa y el calzado que traen), el pago de cuotas y viajes, cuando se les pide que colaboren a la hora de preparar una fiesta y traigan algo… Hay que facilitar una participación equitativa, contando con la situación económica de nuestras chavalas y chavales. A menudo, en relación con eso de la educación intercultural, se hace mucho caso del aspecto “cultura”, cuando un factor enorme de desventaja es el aspecto “situación socioeconómica”.

-Yo he llegado hasta aquí. ¿Qué añadirías tú? ¿Qué quitarías? ¿Qué matizarías?…

 

Otros textos

He explicado varios de estos puntos más ampliamente en algunos otros textos.

– A. Barquín (2009). ¿De dónde son los hijos de los inmigrantes? La construcción de la identidad y la escuela. Educar, 44: 81-96. Hemen ikus daiteke osorik: http://www.raco.cat/index.php/educar/article/view/200834.

– A. Barquín (2015). ¿Qué debe hacer la escuela con las culturas familiares del alumnado inmigrante? Educar, 51 (2) 443-464. Hemen: http://educar.uab.cat/article/view/v51-n2-barquin.

– Nire ikastetxean neska musulman batzuek es dute dutxatu nahi hezkuntza fisikoaren ostean. Irakasle batzuen gogoetak. Kinka, 29-9-2017.

– Irakasle: klaseko lehenengo egunean Bartzelonako sarraskiaz hitz egingo duzu? Kinka, 7-9-2017

– Irakasle, nola tratatuko duzu Pariseko sarraskia zure ikasle musulmanekin? Kinka, 15-9-2015

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