«Se acerca el Ramadán. ¿Qué conviene saber en los centros educativos?». Entrevista con Maya Amrane

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Está a punto de comenzar el mes de Ramadán, mes de ayuno, oración, reflexión y comunidad para las personas musulmanas de todo el mundo, que este año empieza el día 2 de abril y durará hasta el 2 de mayo. En la sociedad vasca, a menudo el profesorado no musulmán se pregunta sobre esta práctica, cómo la vive el alumnado, qué repercusión puede tener en su vida y en el centro escolar… Maya Amrane nos explica algunos aspectos importantes.

Maya Amrane es musulmana y licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Argelia. Es especialista en diversidad cultural, en convivencia y lucha contra el racismo y la discriminación y en feminismo en contextos islámicos.

Amelia: La parte más visible del Ramadán es el ayuno, que se practica en las horas de sol, de manera que sólo se puede comer y beber antes del amanecer y tras ponerse el sol. Tenemos alumnado musulmán que es practicante. ¿Qué significa el Ramadán para ese alumnado? ¿Qué aspectos y dimensiones tiene?

Maya: El Ramadán para las personas musulmanas representa un paréntesis, una especie de parón que permite un nuevo inicio. Durante un mes, cuerpo y mente siguen una disciplina diferente: abstención, paciencia, humildad, autocontrol…

Someterse física y psicológicamente a la privación enseña a gestionar la frustración, a valorar más lo que se tiene, a acercarse a las y los que viven con muy poco, a ser más humilde… Hacerlo continuamente durante un mes ejercita la capacidad de perseverancia.

Por otro lado, durante el Ramadán, la gente debe mostrar benevolencia y compasión, esforzarse por ser mejor persona, comportarse de manera respetuosa y cortés con todo el mundo, perdonar y olvidar los rencores.

Y lo más importante, enmarcar todo eso en un camino espiritual, de entrega consciente y voluntaria a Dios. Es por eso que durante este periodo, la persona debe redoblar los momentos de conexión con el creador a través de la salat (oración y rezo).  

En definitiva, el mes de ayuno debería constituir el inicio de un nuevo ciclo en la vida de toda persona observante. Un momento en el que se hace mejor para su entorno y se fortalece espiritualmente. Una persona no debería ser la misma al inicio y al final de este periodo.

Hablando en concreto del alumnado musulmán practicante, el significado del Ramadán varía según la edad y el nivel de conciencia de cada persona. Pero es importante tener siempre en mente que es un momento significativo y un elemento identitario que debe ser respetado por el entorno escolar. 

Amelia: La práctica del ayuno no es exclusiva del Islam, ¿verdad?

Maya: No, en absoluto. Hay que recordar que es una práctica muy anterior al Islam, existente en otras tradiciones religiosas -algunas no monoteístas- y en espiritualidades presentes en diferentes partes del mundo. Y hoy en día, existe el ayuno terapéutico que puede, en algunas modalidades, conllevar una dimensión espiritual. 

Amelia: ¿Qué otras cosas no se pueden hacer en el Ramadán, además de comer y beber durante las horas de sol?

Maya: El ayuno implica también abstenerse de mantener actividad sexual. Y también de consumir tabaco, sea fumando o por vía sublingual. Es por esta imposibilidad de fumar durante el día que algunas personas muestran cierto nerviosismo cuando ayunan. Otras aprovechan la oportunidad que les brinda reducir su consumo de cara a dejar el tabaco por completo.

Otro aspecto muy relevante: una persona que ayuna debe alejarse de la murmuración y de las habladurías. Es algo que cobra una importancia especial pues se cree que basta con hablar mal de otra persona para invalidar el ayuno a los ojos de Dios.

Amelia: ¿Hay algún aspecto que debamos tener en cuenta en los centros escolares con respecto al alumnado que guarda el Ramadán?

Maya: Es posible que algunas personas se sientan más cansadas, con menos energía, pero eso suele pasar con personas de edad. En general, la gente joven que mantiene unos hábitos de vida saludables con horas de sueño suficientes, no suele experimentar grandes problemas de cansancio. Los desajustes ocurren cuando, durante este mes, las personas cambian el día por la noche, viven de noche y duermen muy poco. Esto pasa factura durante el día. El Ramadán no significa eso en absoluto, pues el cuidado de la salud y del bienestar es fundamental en la cosmovisión islámica. Dicho eso, como no tenemos la garantía de que el alumnado que observa el ayuno tiene una buena disciplina en cuanto a sueño –eso depende en gran medida de cada familia y de sus costumbres-, podemos encontrarnos en el aula con jóvenes cansados o somnolientos. En la asignatura de educación física, habría que ser menos exigente con el alumnado los días de calor.

Amelia: ¿A qué edades se empieza a hacer el Ramadán?

Maya: La obligatoriedad empieza con la pubertad, si bien en el periodo anterior a la misma, niños y niñas inician su “entrenamiento” ayunando unos días, o alternando un día de ayuno con otro sin ayunar.

Amelia: ¿Todo el alumnado de cultura musulmana es creyente y practicante?

Maya: Una mayoría seguramente. También hay jóvenes hijos e hijas de familias musulmanas que tienen sus propias convicciones que no coinciden con las de sus familias. Pueden ser creyentes pero no practicantes, parcialmente practicantes o con una práctica discontinua. Y pueden ser no creyentes.

Amelia: ¿Hay alumnado ya en la pubertad y que sea creyente y que esté exento de hacer el Ramadán?

Maya: El Islam contempla una serie de dispensas. No puedo ahora enumerarlas todas, pero las más comunes son las siguientes: no debe ayunar quién no se encuentre en buen estado de salud, sea física o mental. Tampoco las personas con tratamientos médicos crónicos que requieran ingerir alimentos o producen efectos secundarios en ayunas. No debe observar el ayuno tampoco una mujer que se encuentre en periodo de menstruación o de puerperio. Para las mujeres embarazadas, es necesario contar con una opinión médica; cierto es que la mayoría ayunan sin mayor problema durante buena parte de su embarazo, pero hay que tener siempre atención a posibles problemas. Lo mismo ocurre durante el periodo de lactancia: la salud de la madre y del bebé orientan la decisión. Como se ha mencionado antes, el cuidado de la salud es primordial en el Islam, por lo que, cuando salud y ayuno se hacen incompatibles, se prioriza la salud.

Otras exenciones tienen que ver con las circunstancias que rodean a la persona: condiciones de trabajo adversas (exposición a altas temperaturas, a riesgos de deshidratación…), o encontrarse de viaje con trayectos largos y cansados.  

Amelia: ¿Hay que tener en cuenta el Ramadán a la hora de programar determinadas actividades?

Maya: Conviene tenerlo en cuenta, claro. Por ejemplo, si se quiere organizar una fiesta con merienda en el centro, o si propone una excursión al monte… Hay que contar con que quienes practican el Ramadán no podrán participar del mismo modo y pensar en la posibilidad de adaptar las actividades: siempre y cuando sea posible, buscar fechas alternativas, otros formatos…

Amelia: ¿Puede afectar al rendimiento en la escuela?

Maya: Depende mucho. La abstinencia de comer y beber de por sí no debería ser un gran impedimento. Al principio del Ramadán hay una fase de adaptación y el alumnado puede estar un poco más cansado, son los dos o tres primeros días, pero luego el cuerpo se adapta y vuelve a funcionar normal. Eso es así si se tienen horarios de sueño normales, el problema es cambiar el día por la noche. Hay familias que pasan a vivir de noche y eso conlleva que la persona durante el día pueda encontrarse cansada o desubicada, porque no ha dormido lo suficiente.

Amelia: ¿Qué dirías ante la crítica de que la religión no debe tener espacio de ningún modo en los centros educativos?

Maya: Los centros educativos públicos deben ser neutrales en materia de religión, no promover ninguna religión o creencias determinadas. Otra cosa son las personas y en este caso el alumnado y su bagaje religioso. Este bagaje puede tener una manifestación visible fuera del ámbito estrictamente privado a través de elementos como la vestimenta, la estética exterior, los hábitos alimenticios, el ayuno… La neutralidad del centro no significa la eliminación de esta manifestación. Más aún si se tiene en cuenta que la libertad de manifestar su religión o su creencia constituye un Derecho Humano, tal y como lo estipula el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

El reconocimiento de este derecho está recogido también en diferentes normas a nivel internacional, europeo y estatal.   Así por ejemplo El Convenio Marco para la Protección de las Minorías Nacionales del Consejo de Europa, reconoce explícitamente a las personas pertenecientes a una minoría nacional el derecho a manifestar su religión o creencias (art. 8) y requiere de los Estados tomar medidas para fomentar el conocimiento de la religión de sus minorías, a través por ejemplo de la educación o de la investigación (art. 12).

Amelia: ¿Y cómo actuar con el alumnado que practica otras confesiones? ¿Y con el que no practica ninguna religión?

Maya: Además de neutral, el centro escolar debe adoptar una posición equidistante con las diferentes confesiones/convicciones. No se debería hacer tratos diferenciados en cuanto al ejercicio de derechos. Y no hay que olvidar que el alumnado que no practica ninguna religión también vive de acuerdo a convicciones.

Por otro lado, es importante fomentar la convivencia. Para ello es necesario que el propio profesorado muestre respeto hacia las diferentes sensibilidades y no juzgue negativamente ninguna de ellas. Además, es recomendable animar al conocimiento e intercambio a través de dinámicas de presentación de las diferentes tradiciones presentes en el centro. Este tipo de actividades no deben ser leídas en absoluto como promoción de creencias religiosas.

Amelia: Si me lo permites, añadiría que la espiritualidad no es patrimonio exclusivo de las religiones; diría que es una dimensión de las personas, tome la forma de religión o no. Y esa dimensión se vive de distintos modos, a menudo sin darle ningún nombre si no se experimenta dentro de una religión concreta. También las personas ateas o agnósticas tienen experiencias de conexión interior, con la naturaleza, con algo más allá de sí mismas, viven experiencias de paz interior, de mejora personal… Creo que hablar de la dimensión espiritual de las personas no practicantes de una religión también forma parte de lo que podemos tratar en el centro escolar, para que el conocimiento mutuo y el respeto hacia la diversidad sea inclusivo en todos los aspectos.

Maya: Completamente de acuerdo.

Amelia: ¿Tiene lugar siempre en las mismas fechas?

Maya: No, cada año las fechas de inicio y de finalización se adelantan unos 10 días. En 2021 empezó el 12 de abril, en 2022 empieza el 2 de abril. Esto se explica porque el calendario islámico es lunar y el año lunar es aproximadamente 10 días más corto que el calendario solar. Ramadán es el noveno mes del calendario islámico.   

Amelia: ¿Se celebra el Ramadán de la misma manera en un país de cultura musulmana y en la sociedad vasca, por ejemplo, donde el Islam está presente sobre todo gracias a la inmigración?

Maya: La vivencia es muy diferente. En los países con población mayoritariamente musulmana, los poderes públicos decretan una serie de adecuaciones para facilitar la práctica. Por ejemplo, los horarios de trabajo se adaptan de manera que la gente pueda estar en su casa a la hora de romper el ayuno. Además, se amplían los horarios de los comercios y de los transportes públicos para dar servicio por la noche, después del Iftar. Se adapta también el calendario de competiciones deportivas internas a los países.

En sociedades donde las personas musulmanas son minoritarias, como es el caso de Euskadi, las personas observantes se adaptan al entorno y a su funcionamiento. Si es posible romper el ayuno en casa, bien, y si no, beber agua y picar algo rápido -preferentemente dulce, puede ser una fruta- y esperar a acabar la jornada laboral. En mi primer Ramadán en España (estuve viviendo en la Comunidad Valenciana), anochecía sobre las seis de la tarde. En aquella época estudiaba en la universidad y a la hora de romper el ayuno me encontraba en clase. Éramos dos musulmanas practicantes en el grupo. Recuerdo que nos tomábamos un poco de agua y un caramelo y esperábamos a llegar a casa (a veces después de las nueve) para comer. No hay problema en hacerlo así. El Islam no obliga en absoluto a hacer una comida entera en el momento de la puesta del sol, más bien anima a actuar de manera a facilitarle la vida a la gente, teniendo en cuenta las circunstancias y posibilidades de cada cual. Dicho eso, no deja de ser un poco triste no poder disfrutar del ambiente especial que rodea la ruptura del ayuno y perderse esta dimensión de momento compartido. 

Amelia: ¿Qué podemos decir del entorno laboral?

Maya: Hay situaciones en las que sería conveniente mostrar flexibilidad por parte del entorno laboral y social aquí, y posibilitar algunas adaptaciones… Por ejemplo, cuando una persona empleada ayuna y no disfruta del descanso del mediodía para la comida, si el tipo de actividad profesional lo permite, autorizarla a hacer jornada continua y a ajustar su horario de entrada o de salida de acuerdo a ello. Otro ejemplo es el caso de la organización de las comidas en los centros de alojamiento para personas sin recursos, como pueden ser los albergues. Para facilitar que las personas alojadas que observan el ayuno puedan comer algo antes del amanecer (puede ser de madrugada y no coincidir con los horarios convencionales del desayuno), se pueden poner a su disposición bebidas y alimentos como fruta, galletas…

Por último, conviene saber que el Acuerdo de Cooperación del Estado español con la Comisión Islámica de España, firmado en el año 1992, contempla la posibilidad, para las personas practicantes, de solicitar  adaptaciones tanto en el ámbito laboral como educativo. Es el acuerdo de referencia para tener más detalles sobre modalidades y condiciones. 

Amelia: ¿Todo el mundo lo practica de la misma manera? ¿O hay modos distintos de entenderlo?

Maya: Hay diversidad. Por lo general todo el mundo practica la misma abstinencia de comer, beber, fumar y tener actividad sexual. En lo que se refiere a la parte de la mejora del comportamiento y del trabajo espiritual o esfuerzo interior, la práctica es muy variable y es según las personas: hay quienes observan estos aspectos y hay quienes no ponen atención en ellos.

También hay modos distintos de entender las dispensas. Hay gente más flexible y gente más estricta. Un ejemplo es el de tomar la medicación en los horarios establecidos. Aunque los médicos en los países islámicos recomiendan altamente que la gente se tome la mediación a las horas estipuladas y ello tiene prioridad sobre el ayuno, hay quien prefiere, por criterios propios o por presión del entorno, esperar hasta la noche, aunque el Islam no diga eso.

Amelia: ¿Qué puedes indicarnos sobre la ruptura del ayuno tras la puesta del sol?

Maya: Lo primero que se suele hacer nada más anunciarse el magreb (la puesta del sol) por parte del muecín (la persona que llama a la oración), es beber algo de agua, leche o té y comer un dátil, luego la gente cumple con la oración del anochecer, y después viene la comida. Habitualmente, la familia se reúne en torno a la mesa y en el caso de los países magrebís, se empieza con una sopa, que sirve a la vez para hidratarse y para nutrirse. Hay diferentes sopas según los países y las regiones. Aquí seguramente lo que conoce la gente es la harira de Marruecos. En Argel, de donde soy, la sopa estrella es la chorba. Luego, y según el poder adquisitivo de cada familia, la comida puede contener ensaladas variadas, empanadillas típicas, algún plato y postre especiales, sin olvidar el té con hierbabuena, los dulces y los frutos secos. Es importante señalar aquí que estas costumbres culinarias no tienen su raíz en la religión, ya que, como lo he mencionado antes, el Islam invita a la humildad durante este mes. 

Amelia: ¿Cómo se cierra el Ramadán? ¿Hay algún tipo de celebración especial?

El Ramadán finaliza después de 29 o 30 días de ayuno (los meses lunares pueden ser más cortos que los solares). Se celebra esta culminación con la fiesta de Eid El Fitr (la fiesta del des-ayuno). Antes de que el Ramadán llegue a su fin y que empiece el día del Eid, hay que cumplir con la obligación de Zakat El Fitr, el donativo a personas necesitadas. El mínimo estipulado para cada año se publica oficialmente por las autoridades del país o las estructuras representativas en el caso de países no islámicos. En Euskadi es de unos 5 euros. La celebración empieza con la oración del Eid que se hace por la mañana en la mezquita. Tiene un valor especial. Las comunidades islámicas más importantes de Euskadi suelen solicitar el uso de equipamientos deportivos como son los frontones para realizar la oración colectiva, ya que sus oratorios son demasiado pequeños. También invitan a representantes municipales, agentes comunitarios, amistades… a asistir a la celebración posterior a la oración, donde se ofrecen dulces y pasteles especiales con té y se intercambian felicitaciones. La celebración tiene lugar en las casas también, pues la gente se hace visitas para felicitarse. Es habitual estrenar ropa ese día.

Amelia: ¿Hay alguna frase que se dicen las personas musulmanas entre sí en estas fechas? (Algo como el “feliz navidad” de la cultura cristiana). ¿Las puede usar una persona no musulmana?

Maya: Al empezar el Ramadán, se suele desear un Ramadán Mubarak, que significa más o menos un ramadán con la bendición de Allah. También se emplea como felicitación Ramadán Karim. Antes de la ruptura del ayuno, alguna gente suele decir Saha fturkum, para desear una buena comida. El día del Eid, la expresión más común para felicitarse es Eid Mubarak.

Y las puede usar cualquiera que quiere felicitar o expresar sus buenos deseos a una persona musulmana. Estas palabras serán muy bien recibidas y se agradecerán. 

Amelia: Muchas gracias, Maya. Un saludo y hasta pronto. ¡Ramadán Mubarak!

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