Alcalde, no te bajes ahora de la utopía

Bernardo Atxaga se refería anteayer a la utopía de Errekaleor.

La utopía no es nueva en Vitoria-Gasteiz. Gorka Urtaran es el alcalde de la ciudad como resultado  de una utopía: la de pensar que en una ciudad como la nuestra cabe la diversidad social, la que incluye a las gentes venidas de otros países y a la población en desventaja social y económica, la utopía de pensar que la convivencia entre diferentes puede ser amable. Eso es lo que aprendimos con el movimiento popular Gora Gasteiz, del que muchas personas nos sentimos orgullosas y que ya formaparte de nuestras señas de identidad.

Es una utopía preciada para una gran parte de la ciudadanía de Vitoria-Gasteiz, por eso Gorka Urtaran es el alcalde. Recordamos sin duda que el líder del partido más votado en las últimas elecciones municipales, Javier Maroto, encarnaba precisamente el peligro de la xenofobia y el discurso de la exclusión, y gran parte del resto de las fuerzas municipales se unieron para propulsar una alternativa que permitiera ese futuro en convivencia.

Errekaleor es también parte de esa utopía. No es una utopía de arco iris y merengue maravilloso, sino del aquí y el ahora, una utopía de lo pequeño, de lo diario, de lo trabajoso, de lo imperfecto, de lo posible.

No en vano la manifestación a Errekaleor del pasado sábado nos recordó tantísimo a la manifestación de Gora Gasteiz de abril de 2015. Una manifestación multitudinaria y multicolor, en este caso prodigiosamente organizada en poco más de dos semanas. Y motivada ahora por la actitud del mismo hombre que llegó a la alcaldía en nombre de la utopía.

Alcalde, no te bajes ahora de la utopía.

Si hay un cálculo político tras la decisión de destruir Errekaleor, ni siquiera parece un cálculo acertado, porque el desgaste va a ser enorme. A muchas personas que nunca vivirían en Errekaleor les cuesta entender qué se le ha perdido al alcalde allí, si no son algunos centenares votos del electorado del PP. ¿Merece la pena? ¿Compensa lo perdido y lo ganado?

Muchas de nosotras recordaremos siempre a Iñaki Azkuna, no como el alcalde de Bilbao que construyó la nueva Alhóndiga, sino como el alcalde que destruyó Kukutza. Pero la dimensión de Errekaleor va más allá de la del gaztetxe de Rekalde. ¿Qué se podría construir para hacer olvidar algo así?

Es el momento de parar. Esto no puede ser un choque de trenes, el fruto de una decisión colérica, para ver quién puede más. Dejemos pasar algún tiempo, hasta que podamos pensar mejor.

Alcalde, estamos a tiempo, no destruyas Errekaleor.